En los países mediterráneos, principalmente debido a los bagajes cultural, histórico y climatológico de sus pueblos, se cuenta con un estilo de vida, con un bienestar y una salud que se ha formado a base de unas dietas muy saludables (compuestas por un consumo generoso de frutas, verduras, hortalizas y legumbres, el fundamental ajo, pastas, y aceite de oliva y un escaso consumo de carnes); unos hábitos, como la siesta, que fortalecen enormemente los sistemas inmunológico y cardiovascular; una sólida relación social, tanto entre familias como entre vecinos y amigos; y una importante actividad física aeróbica (muchas caminatas ya que se suele tener cerca el lugar de trabajo), así como una vida sana e integrada en la naturaleza.
Los fundamentos de la dieta mediterránea son:
- Consumo de alimentos frescos, evitando conservas y envasados.
- Frutas y verduras de estación, con preferencia a las no propias de esa estación.
- Comidas caseras. En detrimento de las ya preparadas.
- Comida muy variada. No se suelen repetir los mismos platos, con lo que la ingesta tiene escasas posibilidades de sufrir carencias de algún nutriente.
- Aceite de oliva, ajo, frutos secos y quesos son fundamentales en la dieta.
- Consumo habitual de legumbres y escaso de carnes rojas y grasas animales.
- Frecuente consumo de pescados y mariscos.
- Y beber agua o vino en vez de bebidas gaseosas.
Siendo la estructura de la alimentación, con base en cereales, legumbres, aceite de oliva, ajo, cebolla, aceitunas, frutos secos, frutas y verduras, carnes blancas de aves, pescados, mariscos –sobre todo en las poblaciones costeras- lácteos y huevos; y, en menor proporción carnes magras y sus derivados (embutidos principalmente).
Podrás sumergirte en todos los beneficios de esta dieta a partir de la página 23 del libro